La falta de hidratación
Es la causa más habitual.
Cuando el cabello pierde agua, se vuelve áspero, difícil de peinar y deja de reflejar la luz.
La hidratación regular ayuda a mantener la elasticidad y la suavidad de la fibra capilar.
El abuso de herramientas térmicas
Planchas, secadores y rizadores someten al cabello a temperaturas muy elevadas.
Sin un protector térmico adecuado, el calor deteriora la cutícula y hace que el brillo desaparezca progresivamente.
Los productos inadecuados
No todos los champús o tratamientos responden a las necesidades de cada tipo de cabello.
Algunos limpian en exceso, eliminando los aceites naturales que protegen la fibra capilar y aportan luminosidad.
Elegir productos adaptados a tu cabello marca una diferencia notable.
La exposición al sol
Los rayos UV afectan tanto al color como a la estructura del cabello.
Con el paso del tiempo, la radiación solar provoca oxidación, deshidratación y una pérdida visible de brillo.
Por eso, proteger la melena durante los meses de mayor exposición es tan importante como cuidar la piel.
Los tratamientos químicos
Coloraciones, decoloraciones, permanentes o alisados modifican la estructura del cabello.
Cuando estos servicios no van acompañados de un mantenimiento adecuado, la fibra puede debilitarse y perder luminosidad.